lunes, 11 de junio de 2012
Sentirse como un pañuelo
Sentirse como un pañuelo, y que debe sentir un pañuelo?. Depende, si eres de papel es el peor de los sentimientos. Porque te usan y te tiran a la papelera, o peor al suelo y luego te pisa todo el mundo etc, etc. O si tienes un poquito de suerte, te usan te doblan bien dobladito y luego te dejan en un bolsillo a la espera del próximo uso.
Pero la diferencia con uno de tela es que al de tela, aunque lo usen para lo mismo, le miman mas. Cuando ya está muy sucio le lavan, le tienden al sol, le planchan..... en definitiva le miman.
Y para terminar, aunque no venga a cuento, los anónimos relacionados con personas y situaciones que no conocemos, no serán publicados. El ser cristiano coherente empieza en uno mismo, y no en ver la paja en el ojo ajeno y en el tuyo?, que.
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1 comentario:
Así nos sentimos muchas veces, como pañuelos, pero si con ello ayudamos a alguien a sentirse mejor, a tener en un momento determinado un hombro en el que apoyarse, entonces estará bien ser ese pañuelo, aunque solo sea para usar y tirar.
Otra cosa es que se aprovechen de nosotros, o de nuestra buena fe por lo que sea, para sacar beneficio de algo que está fuera del servicio a los demás. Entonces nos sentimos utilizados y teniendo la sensación de no tener valor, pero aún así nos estamos fijando en una perspectiva humana, ya que todos tenemos la valoración que Dios nos ha dado, no la que nos dé otro u otros seres humanos.
Y con ello me voy hacia la valoración que le damos a Dios, a Cristo, al Espíritu Santo, a María. Si no sabemos valorar a todo lo creado, tampoco sabremos valorar la divinidad del Creador.
Es necesario aprender desde lo pequeño hacia lo grande, y desde lo grande hacia lo pequeño; no nos podemos quedar solamente en una sola dirección en esta escalera que nos ha donado Dios, quedaría el "hecho" de amar a medio hacer, utilizando a Dios como un pañuelo de usar y tirar, y eso sí que es desperdicar el Amor Paterno, derramado en el Hijo para nuestra salvación y dejando un abogado, es decir, aquél que aboga por nosotros, un intermediario, consolador y defensor como es el Espíritu Santo.
Dios Es, y Cristo lo proclama para llegar al Padre diciendo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Jn. 14,6; y de nuevo Juan nos recuerda "La Palabra es la Luz Verdadera que ilumina a todo hombre" cf. Jn. 1,9. Si vivimos en el mundo atesorando bienes y dándole importancia a la validez con la que otros nos valoran, estaremos desperdiciando el único tiempo que tenemos aquí para atesorar los bienes celestiales, aquéllos que verdaderamente merecen la pena. Dios es todo, lo demás es suplérfluo.
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